
"No extrañéis dulces amigos, que esté mi frente arrugada; yo vivo en paz con los hombres, y en guerra con mis entrañas." (Antonio Machado, poeta español, 1909). Éste ha sido, por mucho tiempo, mi poema favorito, y la semana pasada, luego de visitar Choquequirao en compañía de dos buenos amigos y mi hijo mayor, siento que he empezado a hacer las paces con mis entrañas.
A Choquequirao se llega por las grandes ciudades de Abancay o del Cusco. De cualesquiera de ellas hay que tomar un carro al encantador pueblo de Cachora, donde uno puede alquilar mulas, caballos y contratar expertos arrieros que lo apoyen en el trayecto.
Choquequirao está a 32.5 km caminando desde Cachora. 65 kilómetros ida y vuelta. Hay múltiples opciones para pasar la noche. En cada una hay una casita de barro, con una familia generosa que le ofrecerá un campito relativamente limpio para acampar (dos soles por carpita chica), gaseosas, cerveza y con suerte un plato de comida caliente. Los principales puntos de descanso usados por los 20 turistas diarios que en temporada visitan el santuario (menos del 1% de los que visitan Machu Picchu) son Capulilloc, Cocamasana, Chiquisca, Playa Rosalinas, Santa Rosa y Maranpata.
Ninguno de los albergues, baños o instalaciones que los franceses regalaron a través de la Dra. Eliane Karp de Toledo funcionan, y lo gastado a la fecha parece ser una fracción del donativo anunciado en su oportunidad.
El camino es lo más hermoso que uno se puede imaginar. Todas las vistas son de postal. Se camina durante cinco o seis días entre los 3,100 metros (el Usnu, punto más alto y lugar sagrado de Choquequirao, según cartel del INC) y los 1,500 metros cuando se cruza el río Apurímac, también con un cartel del INC que prohíbe bañarse en sus frescas aguas.
El Perú tiene una enorme oportunidad de desarrollar racionalmente este maravilloso destino turístico, poniéndolo verdaderamente en valor y reivindicando a través de ello la cultura de los últimos Incas de Vilcabamba. El plan Copesco, encargado de su desarrollo hace 25 años, no parece tener ningún apuro. Por algo será.
Quizás un buen paso para empezar sería respetar las disposiciones del INC, como aquella que prohíbe aterrizar en helicóptero en el santuario. El pasado 10 de mayo, la directora del INC, en compañía del presidente de una conocida línea aérea, aterrizó su helicóptero nada menos que en el Usnu sagrado. La desazón de los pobladores vecinos era patente y uno de ellos, con los ojos llenos, me decía: "¿Por qué en el Usnu? ¿Por qué no en otro lado?". Otro que participaba en la conversación contestaba: "Es que son autoridades, hacen lo que quieren".
fecha: 27.05.2010