
Machu Picchu. El 24 de junio de 1911 Hiram Bingham arribó a Machu Picchu, ciudad inca considerada una de las siete maravillas del mundo y Patrimonio de la Humanidad. La naturaleza y la cultura confluyen allí de modo admirable las amenazas para su destino.
Los Andes le han dado a la América del Sur una impresionante diversidad ecológica que proporcionó lineamientos a la población que allí se asentó para alcanzar una alta calidad de vida, a lo largo de unos 10,000 años.
En el siglo XV de la era cristiana estas gentes habían desarrollado habilidades personales, sociales y técnicas tanto rurales como urbanas permitiendo a Pachacútec Inca Yupanqui la construcción de Machu Picchu —sobre cimientos anteriores— en perfecta armonía con la naturaleza, como parte esencial de su “hacienda real” para su panaca o linaje familiar. Unos cien años después un puñado de españoles llegó a instalarse en los Andes que entonces estaban articulados por el Tawantinsuyu o el Imperio de los Incas del Cusco.
Fascinante realidad
Así comenzó la fascinación de la mentalidad occidental por los incas también su perplejidad porque en 1532 se inició la creación del mundo hispano-andino. Siglos después Hiram Bingham (1875—1956), profesor de la Universidad de Yale, con el respaldo económico de la National Geographic Society y el apoyo logístico incondicional del presidente del Perú Augusto B. Leguía (1863—1932), informó al mundo desde la Universidad de Yale que había estado en Machu Picchu, la ciudad perdida de los incas, a la que de inmediato consideró lugar marginal en el devenir histórico del Perú hispano-andino.
Bingham estaba excepcionalmente dotado para la exploración de tierras ignotas así como para dosificar la comunicación de su “descubrimiento” y soslayar la magnitud de la ayuda tanto en información histórica especializada como en recursos logísticos que recibió del Perú. También sabía ocultar que seguía los pasos de exploradores foráneos que lo precedieron en visitar Machu Picchu, como se comprueba en la documentación y mapas preservados en la Biblioteca Nacional del Perú.
Joya para preservar
Los visitantes comenzaron a fluir hacia Machu Picchu. El Perú todavía en proceso de incorporarse a Occidente no estaba por entonces —y todavía no lo está— listo para tratar con los problemas generados por la embestida del turismo irrestricto.
Es así que los sectores públicos de cultura y medioambiente han fijado la capacidad de carga para Machu Picchu en dos mil visitantes diarios ante el Centro del Patrimonio Mundial; sin embargo, la realidad es que ingresan hasta cinco mil visitantes por día. Otra amenaza a Machu Picchu es que los operadores turísticos presionan a los arqueólogos para “endurecer” los muros del sitio, así como para abrir otras áreas a los visitantes antes de que hayan sido apropiadamente estudiadas. El Gobierno aún no ha concluido el proceso de inscripción del Santuario Histórico de Machu Picchu en Registros Públicos a nombre de los Ministerios de Agricultura y de Educación, dada su doble condición de bien natural y cultural, por ello ya ha sido enjuiciado por los supuestos propietarios de esta llacta inca.
Tampoco ha rehabilitado la vía férrea entre Machu Picchu Pueblo y Quillabamba, arrasada por un huaico en el verano de 1998, esta carencia de transporte ferroviario crea desde entonces condiciones de ingobernabilidad en este Santuario Histórico de la Humanidad.
fecha: 29.06.2009